jueves, 24 de septiembre de 2026

Me quiero

 «Aceptamos el amor que creemos merecer»

 


 

Nadie al otro lado de la mesa. 

Una invitación a estar conmigo. A sostener la taza entre las manos para calentar las extrañas congeladas, a dejar que los pensamientos fluyan de una parte de mi cerebro a la otra, que es su opuesta en imagen y en propósito, gritando en voz baja, con la urgencia de darme las explicaciones de un comportamiento que no comprendo por más que me empeñe en consumar. 

Lanzarme al aire del espejo esas preguntas punzantes, suspendidas en el tiempo, de las que no tengo la menor respuesta y que me hace tanta falta tenerla en un  hoy y un ahora que no puedo sostener.  Vital para quererme y para no querer salir de una vida a la que ni siquiera sé cómo he sobrevivido.

Detenida en el umbral del recuerdo, mirándome fijamente a los ojos durante minutos enteros, largas horas que se vuelven líquidas. Sin pronunciar una sola palabra que ya no haya oído en mi memoria. Sin buscar defectos que corregir ni ausencias que justificar. Solo sosteniendo la mirada de quien lleva demasiado tiempo esquivándose.

Y de pronto, en medio del silencio, me sonrío. Una sonrisa pequeña, casi imperceptible, ácida y tibia a la vez que devora las lágrimas. Una sonrisa que no busca convencer a nadie, sino sellar un pacto hacia adentro. Un me veo. Me abrazo en esta penumbra y me quiero un poquito, así, despacio y a sorbos lentos, para no atragantarme por inexperiencia.

Abruma. 


martes, 22 de septiembre de 2026

Desvanecerse

 No existe ni el ayer ni el mañana, solo este instante que se desvanece" 






Hoy he aprendido una palabra nueva, eremición. Es cuando te haces pequeñita como un grano de arena y pasas entre las piernas de quienes te rodean con miedo a ser pisada.


Como cuando  aguantas el aire sin respirar para no pesar más de 21 gramos en el momento de volatilizarte.


Como cuando te miras en ojos de los demás y te ves tan diminuta que eres incapaz de decir dónde empiezas tú y acaba la nada.


Como cuando te resbala una lágrima por la mejilla y sientes que te ahogas en el mar de las penas.


Tan pequeña que inexistes.