"Tú, sí tú"
Anoche el aire tenía una densidad distinta.
Entre la fauna predecible de siempre, los rostros de paso, las promesas de mentira y las sonrisas ensayadas, inesperadamente apareció él. Tenía esa forma rara, casi extinta, de habitar el espacio. Sin estridencias. Y de pronto, en medio del ruido, el milagro sutil: sus ojos fijados en los míos, con una insistencia limpia que no buscaba nada más que sostener la mirada, y una sonrisa que se sintió, por un segundo, como un resquicio de luz en mi penumbra habituada.
Intercambiamos palabras, sin ese torpe protocolo de números o nombres para forzar la coincidencia posterior. Dejamos que la noche se cerrara con esa tensión suspendida en el aire del que no sabe aún si gana o sale perdiendo. Pero hay acertijos que una no puede dejar sin resolver y descubrí la forma de tender el puente.
El mensaje flota en el vacío digital y yo sostengo la espera entre las manos como quien sostiene una taza caliente en mitad del invierno. Tengo la mente alerta, escéptica y recelosa, pero el pecho lleno de esta esperanza extraña y afilada, deseando que al otro lado resuene una respuesta preludo de una nueva ilusión.

